miércoles, 31 de agosto de 2011

Falso espíritu

A esta hora nos observa, nos va rodeando con su falso espíritu, con su desesperante agonía; se atrinchera en la oscuridad mientras percibe nuestros miedos. Se rie afanoso en la solemnidad de la noche, se olvida de su nombre mientras sonríe con ese aire de muerte. Se acerca con ese extraña melancolía absurda, con esa mirada fúnebre. Observa nuestra alma, la despedaza sin tenerla, se muere por destrozarla con sus manos marchitas, con sus colmillos deshechos. Ahí está, caminando impaciente, dando vueltas mientras su llanto le ahoga los sueños extintos y corroe sus entrañas podridas. Se ríe mientras se lamenta, se hiere con lo que queda de la membrana de sus garras, y es que no sabe a dónde ir ni qué hacer, tiene ese lamento sobre su espalda que le impide correr, por ello sólo nos observa deseando nuestra voz, deseando algo más que existir, deseando con su odio un poco de fe, maldito ser. Tiene en su mirada la vid de la traición y la mentira.

Por Alan Márquez Lobato

viernes, 26 de agosto de 2011

Volver a los 17

[Volver a los 17
Después de vivir un siglo
Es como descifrar signos
Sin ser sabio competente
Volver a ser de repente
Tan frágil como un segundo
Volver a sentir profundo
Como un niño frente a Dios
Eso es lo que siento yo
En este instante fecundo.

Se va enredando, enredando
Como en el muro la hiedra
Y va brotando, brotando
Como el musguito en la piedra
Como el musguito en la piedra
Hay si ..., si ..., si ...

jueves, 25 de agosto de 2011

No importa cuánto lo desees

[Pero no importa cuánto lo desees o quieras, la semilla crecerá y será un árbol de durazno. Puedes desear o querer uno de manzanas o uno de naranjas pero siempre llegará ser uno de durazno.]

Oogway. Kung Fu Panda (2008)

miércoles, 24 de agosto de 2011

martes, 23 de agosto de 2011

¿Por qué escribir?

[Cada cual tiene sus razones: para éste, el arte es un escape; para aquél, un modo de conquistar. Pero cabe huir a una ermita, a la locura, a la muerte y cabe conquistar con las armas. ¿Por qué precisamente escribir, hacer por escrito esas evasiones y esas conquistas? Es que, detrás de los diversos propósitos de los autores, hay una elección más profunda e inmediata, común a todos. Vamos a intentar una elucidación de esta elección y veremos si no es ella misma lo que induce a reclamar a los escritores que se comprometan.

Cada una de nuestras percepciones va acompañada de la conciencia de que la realidad humana es "reveladora", es decir, de que "hay" ser gracias a ella o, mejor aún, que el hombre es el medio por el que las cosas se manifiestan; es nuestra presencia en el mundo lo que multiplica las relaciones; somos nosotros los que ponemos en relación este árbol con ese trozo de cielo; gracias a nosotros, esa estrella, muerta hace milenios, ese cuarto de luna y ese río se revelan en la unidad de un paisaje; es la velocidad de nuestro automóvil o nuestro avión lo que organiza las grandes masas terrestres; con cada uno de nuestros actos, el mundo nos revela un rostro nuevo. Pero, si sabemos que somos los detectores del ser, sabemos también que no somos sus productores. Si le volvemos la espalda, ese paisaje quedará sumido en su permanencia oscura. Quedará sumido por lo menos; no hay nadie tan loco que crea que el paisaje se reducirá a la nada. Seremos nosotros los que nos reduciremos a la nada y la tierra continuará en su letargo hasta que otra conciencia venga a despertarla. De este modo, a nuestra certidumbre interior de ser "reveladores" se une la de ser inesenciales en relación con la cosa revelada.

lunes, 22 de agosto de 2011

Rochester's Farewell

[If, underneath death's cold wing,
His restless soul should fly away,
Beyond the grasp of fools,
T'would meet with the bliss they deny,
So stand for him, kneel for him,
As he lies low in kneaded clay,
Pray for him, who prayed too late,
That he might shine on judgement day.

Kyrie Eleison. Christe Eleison
Kyrie Eleison. Christe Eleison

O Domine Deus dona nobis pacem.
O Domine Deus dona nobis pacem.]

Michael Nyman

jueves, 18 de agosto de 2011

Querido y remoto muchacho

[Me pedís consejos, pero no te los puedo dar en una simple carta, ni siquiera con las ideas de mis ensa­yos, que no corresponden tanto a lo que verdadera­mente soy sino a lo que querría, ser, si no estuviera encarnado en esta carroña podrida o a punto de po­drirse que es mi cuerpo. No te puedo ayudar con esas solas ideas, bamboleantes en el tumulto de mis fic­ciones como esas boyas ancladas en la costa sacudi­das por la furia de la tempestad. Más bien podría ayu­darte (y quizá lo he hecho) con esa mezcla de ideas con fantasmas vociferantes o silenciosos que salieron de mi interior en las novelas, que se odian o se aman, se apoyan o se destruyen, apoyándome y destruyén­dome a mí mismo.

No rehuyo darte la mano que desde tan lejos me pedís. Pero lo que puedo decirte en una carta vale muy poco, a veces menos que lo que podría animarte con una mirada, con un café que tomáramos juntos, con alguna caminata en este laberinto de Buenos Aires.

Te desanimás porque no sé quién te dijo no sé qué. Pero ese amigo o conocido (qué palabra más falaz!) está demasiado cerca para juzgarte, se siente incli­nado a pensar que porque comés como él es tu igual; o, ya que te niega, de alguna manera es superior a vos. Es una tentación comprensible: si uno come con un hombre que escaló el Himalaya, observando con sufi­ciencia cómo toma el cuchillo, uno incurre en la
ten­tación de considerarse su igual o su superior, olvidan­do (tratando de olvidar) que lo que está en juego para ese juicio es el Himalaya, no la comida.

Tendrás infinidad de veces que perdonar ese géne­ro de insolencia.

domingo, 14 de agosto de 2011

Martillando recuerdos

Aquí estoy otra vez con el silencio envuelto en un aura de recuerdos que sopesan el tiempo que tengo enfrente. Una vez más deambulo en penumbras buscando la tenue luz que refleja la luna en una noche que poco se decora en socorrerme. Me recorre el asombro de las reminiscencias que llegan a mí con voz de consuelo y se esconden inútiles en algún rincón de la oscuridad que me niega el camino. Espero en el nombre del que alguna vez me llevó a un pensamiento absoluto, a un mundo de compromisos y certezas, a un mundo de esperanzas con tintes de ilusión. Pero el tiempo se consume, el tiempo se conduele del aire que expiro cuando pronunció oraciones, cuando lamento promesas. Sigo martillando recuerdos que me liberen de los muros que he construido a mi alrededor, que en algún momento u otro derriben las prisión que el reflejo deploró de mí. Tengo aún sueños y la voluntad noble de escucharte en silencio con el quebranto triste de mantener la mirada en tu luz. Cargo aún con los miedos del inocente, del trágico aventurado que se enfrentó al demonio que extirpaba su corazón. 

Por Alan Márquez Lobato

jueves, 11 de agosto de 2011

El bien es difusivo y comunicativo

[...la difusión de la verdad poseída es importante para mantenerse en ella y aun para crecer en la sabiduría. La verdad es un bien, el mayor bien del hombre, porque lo es de su entendimiento. Y es clásico decir que el bien es difusivo, de modo que la difusión del bien es manifestación de que se posee y se ama. Querer disfrutar a solas de un bien como la verdad sería señal de lamentable egoísmo; y ese egoísmo -"yo" tengo la verdad "para mí"- derivaría fácilmente en un sentimiento de autosuficiencia o de falsa superioridad que alejaría de los demás e hincharía la soberbia. Y ya sabemos bastante acerca de la peligrosidad de ese enemigo de la verdad y de la sabiduría.]

Padre Antonio Orozco-Delclós. Sobre la verdad y el error.

jueves, 4 de agosto de 2011

El tiempo me lleva a ti

Y lo hace sin arrepentimiento, sin condolerse de las plegarias inútiles que susurran aquellas voces ajenas que se agolpan en la memoria. Va tiritando alegre y desprotegido de su eternidad, adquiere una forma que parece ilustre, digna del impresionismo, camina mientras desprende horas en el suelo, momentos en el aire. Nada inquieta su mirada ni transgrede su silencio, trae consigo los recuerdos que tengo de tu voz, los pensamientos que forme cuando tus palabras pertenecieron a una dimensión lejana, a un cosmos del que nadie puede ser consciente.

Por Alan Márquez Lobato

lunes, 1 de agosto de 2011

The Dark Knight Rises

The Dark Knight Rises. 2012

Homúnculo

[El término homúnculo (del latín homunculus, ‘hombrecillo’, a veces escrito homonculus) es el diminutivo del doble de un humano y se usa frecuentemente para ilustrar el misterio de un proceso importante en alquimia. En el sentido hermético es un actor primordial incognoscible, puede ser visto como una entidad o agente. El proceso para crear esta entidad es simbólico para los alquimistas.

Alejandro y Diógenes

Tras conquistar Atenas, Alejandro Magno quiso visitar a Diógenes, filósofo cínico que vivía en un tonel sin más posesiones; no es de extrañar la admiración de Alejandro por los filósofos, pues él mismo tuvo como tutor a Aristóteles.

Al encontrarse Alejandro con Diógenes, le ofreció toda clase de bienes materiales, a razón de la admiración que le procesaba, a lo cual Diógenes, tumbado desde dentro de su tonel, le dijo: “Oh gran Alejandro, sólo una cosa te pido”, a lo cual Alejandro preguntó. "¿Cuál?" y Diógenes respondió: “Apartate, que me estás tapando el Sol”.