"Dentro de la mitología eslava, una rusalka (plural:rusalki) era un fantasma, ninfa del agua, súcubo o demonio que vivía en un canal. De acuerdo con muchas tradiciones, una rusalka era una sirena, quien vivía en el fondo de los ríos. A medianoche, acostumbraban salir y bailar en los prados. Si veían a un hombre hermoso, lo hechizaban con canciones y bailes, y entonces lo conducían al fondo del río a vivir con ellas. Las historias acerca de las rusalki tienen paralelismos con la Nix griega y la banshee irlandesa. Ver Mitología eslava. Ella poseía la sabiduría universal de todo los conocimientos y de todas las ciencias, era la que otorgaba inteligencia a todo ser, dependiendo de las órdenes de Flintz."
miércoles, 4 de mayo de 2011
domingo, 1 de mayo de 2011
Ernesto Sabato
"He olvidado grandes trechos de la vida y, en cambio, palpitan todavía en mi mano los encuentros, los momentos de peligro y el nombre de quienes me han rescatado de las depresiones y amarguras. También el de ustedes que creen en mí, que han leído mis libros y que me ayudarán a morir"La resistencia (2000). Ernesto Sabato
viernes, 29 de abril de 2011
martes, 26 de abril de 2011
El aislamiento
Tienes esta incertidumbre radical donde el tiempo te hace inerte a las sensaciones de tu vida, y acompañas los quehaceres de tu rutina amagando recuerdos y recurrencias vanas que te hacen decir una y otra vez cuan arrepentido estás de tus decisiones y de las cosas que tanto has dejado escapar, sofocándote en tenues pensamientos tristes que poco a poco van consumiendo tu día. Te refugias en el aislamiento esperando hallar la paz que tanto anhelas, o buscando quizás algún grito de guerra que te despierte de tu desesperante forma de actuar.
Tienes este personaje triste y deprimente que deambula por las calles en busca de un pasatiempo o algún evento que despierte su aburrido interés. Lo aíslas en algún callejón arrinconándose y quebrantando silenciosamente su llanto, desesperado gritando en dolor interno, rasgándose el rostro y pidiendo un poco de paz. Tienes esa luna que se ilumina completa y se esconde en las nubes con cierta vergüenza.
Luego un hombre de esos que caminan con más calma que los monjes, con el atuendo sucio y manchado por las desgracias de ser humano, ve a tu personaje triste y se conduele, y busca entre el sucio abrigo algún alimento, o dulce se anima un poco esperando ser aquel que rescate a aquel hombre de la profundidad de la miseria y el vacío. Pero el samaritano no encuentra nada más que un pequeño collar que ve con melancolía. Lo sostiene y casi pueden verse sus ojos tibios, húmedos por el recuerdo o el desprendimiento al que su corazón lo ha llevado, y le entrega al hombre triste que apenas lo ve sin sorpresa, deseando que se marche para refrescarse con el aire de la noche, el collar tomando una de sus manos con ligereza para luego apretar el collar con la mano del hombre triste, mirándolo fijamente a los ojos, suplicándole por la alegría de la vida, por el derecho de estar vivo, por el agradecimiento que los hombres olvidan. El hombre triste sostiene el collar dejando correr las últimas lágrimas y observa como el samaritano se marcha pausadamente, abrigándose con aquel harapo sucio. El hombre triste observa el collar con la foto del samaritano y una niña que lo abraza con todo el amor que el mundo puede ofrecer.
El hombre triste y deprimente pone el collar en su cuello y observa como un pequeño destello de luz lo ilumina. La luna se asoma nuevamente.
Por Alan Márquez Lobato
miércoles, 13 de abril de 2011
domingo, 3 de abril de 2011
lunes, 28 de marzo de 2011
Gritar sus nombres
Si pudiera dar mis ojos que arden, que se pierden en los laberintos que van sofocando mi respiración, y ahí expandirse en algo que las salve de la miseria de las palabras y las traiciones, y de todo aquel mundo corrupto, arrepentido entre los escombros de plegarias inertes.
Si pudiera dejar de oír como late el corazón, arrepentido de la burla que hace de la vida, y de los detalles más grandes que hacen diferente nuestra condición y si escucharás mis oraciones me dirías como van quedando los miedos enclaustrados en la memoria de toda idea que se digne ser vivida y contemplada dentro de los oscuros lamentos que entretejen la paciencia.
La espera larga e interminable que supone la fuerza de una voz que se va extinguiendo.
Si pudiera desencadenar los guardianes celestes que impiden las tragedias y salvarán este limbo de vidas que sólo transgreden la pureza. Si pudiera absolverme en los cielos y gritar sus nombres y me permitieras guardar sus vidas, aún cuando me dejarás abandonado en la miseria.
Si tan sólo pudiera ser algo más que pensamientos y palabras y dejar todo lo que impida llevar este mensaje y tus ojos se bendigan de sus vidas.
Por Alan Márquez Lobato
miércoles, 23 de marzo de 2011
Bendiciones
[¡Oh Señor, el rey se alegra en tu poder!
¡Cuánto se goza en tu salvación!
Le has concedido el deseo de su corazón,
y no le has negado la petición de sus labios.
Le has salido al encuentro con las mejores bendiciones;
corona de oro fino has puesto sobre su cabeza.
Te pidió vida, y se la concediste;
vida extenza, eternamente y para siempre.
Gloria grande halla en tu liberación;
honra y esplendor has puesto sobre él.
Porque le has dado bendiciones para siempre,
y le has colmado con la alegría de tu rostro...]
Salmo 21
¡Cuánto se goza en tu salvación!
Le has concedido el deseo de su corazón,
y no le has negado la petición de sus labios.
Le has salido al encuentro con las mejores bendiciones;
corona de oro fino has puesto sobre su cabeza.
Te pidió vida, y se la concediste;
vida extenza, eternamente y para siempre.
Gloria grande halla en tu liberación;
honra y esplendor has puesto sobre él.
Porque le has dado bendiciones para siempre,
y le has colmado con la alegría de tu rostro...]
Salmo 21
miércoles, 2 de marzo de 2011
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